El problema es que alguien como yo en una oficina es algo así como el resultado de introducir un breve ratoncillo por el oído de un elefante muy timido. La ultima que monte fué hoy a media tarde. Como mañana me tomaré el día libre me dediqué a hinchar a trabajo al becario (para que no se me aburra el pobre). Le dejé un par de encargos facilones que lo tendran ocupado la mitad del día y el resto puede relajarse.
Y como soy muy eficiente y me pasé de apurado, a ultima hora no tenía nada que hacer. Como me aburría mas que un berberecho en una convencion de sindicalistas me puse a triturar papel en la trituradora esta que hace tiritas de papel. Lo normal es que trituremos de cuando en vez y lo vayamos tirando al papel reciclado. Pero como al segundo paqueta ya no me cogía en la papelera lo pasé a una caja de folios vacía. Pero como soy unos animal seguí y seguí y al rato tenía 5 cajas hasta los topes.
Temiendo que a la jefa le diera por asomar la nariz cogí todas las cajas en brazos y galopé cual un bello caballo bien herrado hasta el ascensor no fuera que alguien me detuviera. Quiso la mala suerte que me diera un ataque de tos, que combinado con el ataque de risita tonta y a eso le añadimos que para no comerme a una joven hermosísima que bajaba por las escaleras la esquivé que ni el spiderman haciendo una volvereta giratoria que ni el jordan. El problema es que para no comerme a la rubia a mi me faltó el bigote de una gamba para estamparme contra la puerta del ascensor. Cosa que no hize, gracias a mis felinos reflejos, mi estupendo fisico de gimnasio ... y que la puerta del ascensor estaba abierta.
Así pues yo y las cinco cajas de tiritas de papel entramos a una velocidad de 34 nudos por hora en el ascensor a resultas de lo cual las cajas estallaron con el impacto (las pobres quedaron entre mi cuerpo serrano y el ascensor). La rubia no sabía si reir o llorar, con los ojos (dos) bien abiertos y agarrandose a la barandilla por si necesitaba saltar, momento de duda que yo aproveché para darle al boton del ascensor rvsp (reiteradas veces sin parar). Teniendo en cuenta que era un segundo, yo le dí al cero pero cuando estaba a la altura del primero recordé que la chica bajaba por lo que me la acabaría encontrando. En ese momento me volvió la risa tonta, comencé a pulsar el octavo, no estaba yo para ver personas humanas en esos momentos.
Al llegar al octavo y cuando mi ritmo cardiaco ya volvía a ser normal, me topé con dos ejecutivas agresivas de estas que van en traje sastre con minifaldas y hermosos cabellos morenos que le caían en bucles. Su cara era la misma que si vieran un cúmulo de gusanos autotrofos vibrando con la musica de los tres sudamericanos en fase. En esos momentos no era yo, sino que tomó posesión mi Hulk particular de mi por lo que no acerté a decir nada mejor que "Era el libro o yo, no tuve elección".
Y me piré igual que una avestruz moteada divorciada tres veces...











